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Sintracarbón rechaza enérgicamente la intención de la empresa Cerrejón de desviar el arroyo Bruno, uno de los principales afluentes del Río Ranchería.

Este rechazo no obedece a una simple postura ideológica, ni influenciada por agremiación política alguna, sino que además está fundamentado en estudios técnicos ambientales contratados por el sindicato, que dan fe de los devastadores impactos que tal hecho ocasionaría.

 

La Guajira es un departamento semidesértico donde su principal fuente hídrica –casi la única-, es el Río Ranchería. Cualquier afectación a éste río o sus afluentes atenta, ni más ni menos, contra la supervivencia de las futuras generaciones. Acá, hoy, en pleno siglo XXI y después de más de 30 años de minería de carbón aun mueren niños de hambre y sed. Aun los indígenas beben agua insalubre de jagüeyes, donde también los hacen sus escuálidos animales. El desarrollo que se preveía hace más de 30 años, cuando Cerrejón era solo una esperanza, lleva actualmente un ejército de mineros enfermos, poblaciones desplazadas y afectadas social, económica y ambientalmente. No hay desarrollo sustentable y es escasa la responsabilidad social empresarial. Nuestros mandatarios son corruptos e ineptos. ¿Eso cambiaría si Cerrejón desvía el arroyo Bruno, afluente importante del Rio Ranchería? ¿Vale la pena sacrificar nuestras fuentes hídricas?

 

Además, el desvío de fuentes hídricas es una práctica abolida en el mundo, pues la experiencia dice que los ríos y arroyos buscan retornar a su antiguo cauce. Una fuente hídrica no es solo lo que se ve por arriba, pues debajo están los acuíferos que la nutren. La naturaleza reservó para sí ese privilegio. Nadie puede “fabricar” nuevos acuíferos: Cerrejón tampoco.

Como defensores a ultranza de la generación y estabilidad en el empleo, es claro que nos preocupa el anuncio de Cerrejón de la posible supresión de hasta 1100 puestos de trabajo, si no extrae el carbón que hoy impide hacerlo el arroyo Bruno. Sabemos, que más del 60% del PIB de la región depende de la minería y la huelga de 2013, de apenas 32 días, afloró el impacto social que causa en la región la disminución de la producción de carbón. También entendemos que esa preocupación no nos puede hacer olvidar nuestro rol como actores sociales, nuestro compromiso con la comunidad y, sobre todo, como guajiros nativos o adoptivos. No nos extraña la actitud de Cerrejón, propiedad de tres poderosas multinacionales, pues está haciendo lo que le toca, que no es más que llevarle más dólares a los dueños al menor costo posible.

 

Obvia Cerrejón enfatizar que en la actualidad hay unas condiciones coyunturales del mercado mundial de los energéticos que la están obligando a tomar medidas de recorte de costos, ordenadas por los dueños. Glencore, uno de esos dueños, por ejemplo está contemplando cerrar minas. El desvío del arroyo, podría ser una estrategia para reducir costos, sacando carbón a flor de tierra pero de todos modos no garantiza la no reducción de puestos de trabajo. ¿O sí, Cerrejón? ¿Será que al final nos quedamos sin arroyos y sin puestos de trabajo?

 

Ojalá la Presidencia de Cerrejón no solo se empecine en temas como el arroyo y nuestros puestos de trabajo, para cumplir el mandato de los dueños extranjeros. Hay otras posibilidades que no les provoca explorar como la reducción de la costosa burocracia de vicepresidencias, gerencias, superintendencias que se han multiplicado sin razón aparente en las dos últimas presidencias de la compañía. Igual, una costosa ciudadela estrato 7, aislada de las necesidades de la región, exclusiva para sus ejecutivos. O el costoso servicio aéreo de transporte a Barranquilla y a Bogotá. Solo por dar ejemplos de oportunidades de reducción.

 

Sabemos también que los anuncios de los últimos días que hace la compañía, no buscan otra cosa que “ablandar” a la opinión pública ya no prometiendo el desarrollo que nunca llegó (quemó esa falacia en más de 30 años), si no anunciando una crisis de empleos, de regalías (que ya no son nuestras) y de impuestos. Ya se echó al bolsillo algunos líderes de opinión, incluidos “premiados” periodistas. Y de paso, le traslada a los opositores al desvío del arroyo, incluyéndonos, la responsabilidad de lo que según la compañía ocurrirá si el Bruno no es sacrificado.

 

Asimismo, con el anuncio que ya tiene autorización a nivel nacional para intervenir el arroyo, casi desde los inicios del complejo carbonífero, genera una presión mediática en contra de la única autoridad que falta por rendirse: Corpoguajira. Lo que no ha podido hacer con herramientas técnicas, lo pretende hacer cargando en los hombros del director de esa corporación ambiental los 1100 puestos de trabajo que se suprimirían y la merma de regalías e impuestos.

 

Esta organización sindical, con base en el estudio que elaboró ONG ambiental independiente Censat Agua Viva a pedido nuestro, y luego de una amplia discusión tomó la decisión de oponerse al desvío y así se lo comunicamos a la empresa, en cabeza del presidente Roberto Junguito Pombo. En línea con ello, hemos trazado un plan de acción respetuoso del dialogo abierto y de las herramientas técnicas y legales a nuestro alcance. No es no, por que no. No es costumbre de este sindicato las acciones subrepticias ni fuera del marco de la ley.

 

En consecuencia, la invitación es a todas las fuerzas vivas del departamento y de la nación es a que nos acompañen en la defensa del derecho a la vida de las generaciones futuras. Es nuestra responsabilidad.

JUNTA DIRECTIVA NACIONAL