Estimado Presidente:
Quería pedirle,
Señor Presidente, que me contrate como espía. El problema es que no soy ni estudiante paisa ni taxista caleño y su propuesta parece limitada a esos grupos de la población. Me pregunto si será necesario limitar tan buena idea a estudiantes y taxistas. ¿No cree Usted que debe haber más de un profesor agazapado tramando acciones sospechosas?
Usted no se alcanza a imaginar la cantidad de opositores que usted tiene dentro de la academia. Yo podría desde mi trinchera ayudarlo a combatir esas fuerzas oscuras. Desde ya sueño con el nuevo letrero a la entrada de mi oficina: Marc Hofstetter, profesor, investigador, espía. Dentro de unos años, cuando hayamos (ya hablo en plural, como si hubiera aceptado mi solicitud) derrotado la violencia podré jubilarme de espía. ¿Se imagina la cara de asombro que pondrán mis hijas el día que les cuente que su papá era un espía?
Quería discutir algunos detalles del contrato; primero, creo que como profesor debo ganar más que un estudiante.
¿Le parece si fijamos el contrato en 200.000? En segundo lugar, ¿me van descontar parafiscales de esa suma? ¿Me toca inscribirme en la PILA? Como esto es un servicio, ¿debo además pagar IVA? Si las respuestas a las preguntas anteriores son positivas, tal vez debía pagarme 300.000; de lo contrario poca cosa me va aquedar de este servicio a la patria. Finalmente, ¿cómo funciona el tema de las pensiones para los espías? Lo digo porque yo dedico mi vida laboral a dictar clases y escribir artículos en revistas académicas, capítulos en libros, etc. ¿Será que podemos pensar en un régimen pensional como el de los congresistas, es decir, que nos valgan las publicaciones como años adicionales de servicio a la patria?
Finalmente, ¿habrá forma de mantener este pago secreto? Fíjese que si no lo escondemos es posible que me declaren “pudiente” y por tanto, a la luz de los decretos de la emergencia social, van a echar mano de mis ahorritos para pagar los gastos de mis posibles enfermedades futuras. A menos, claro está, que explotemos mis habilidades de espía y las aprovechemos para desenmascarar a los médicos irresponsables que proponen tratamientos caros. Los que hagamos parte de los ‘espías por la patria’ podríamos delatar a esos médicos y la multa que paguen según lo dispuesto en la bien pensada emergencia social, iría en un porcentaje (¿le parece 50%?) a las arcas del espía. Si Usted logra meter ese articulito en la emergencia, retiro mi solicitud de mantener secretos mis pagos.
Cordialmente,
Marc Hofstetter
Profesor, investigador y aspirante a espía.
Profesor Asociado U. de los Andes.
Economista, Universidad de los Andes
Ph.D en Economía, Johns Hopkins University